Salud

¿Vapear para dejar de fumar?

Una de las más grandes dudas respecto al tema

The New York Times

Israel Sánchez
Agencia Reforma

domingo, 11 julio 2021 | 13:34

Ciudad de México— Al fondo de la polémica sostenida entre diferentes fuerzas, la más básica y genuina de las dudas inquieta a consumidores asiduos, nuevos y a quienes lo están considerando: ¿Vapear es malo entonces?

"Puede decirse que no es bueno fumar, es muy malo fumar, y también es malo vapear. Lo que pasa es que es más malo fumar que vapear", reitera el infectólogo Alejandro Macías.

"Si vas a usar el vapeo para reducir tu adicción a fumar tabaco, y te funciona, está bien. La evidencia en la literatura señala que en algunas personas funciona; así lo puedes usar. Y trata de dejar también el vapeo en cuanto sea posible; estás eligiendo el menor de los daños. Ese es, digamos, un buen uso del vapeo".

La Decana Cheryl Healton remarca no sólo que el usuario promedio del cigarrillo electrónico es alguien que en múltiples ocasiones ha intentado dejar de fumar sin éxito alguno, sino que hay evidencia procedente de países como Inglaterra acerca de que la disponibilidad de estos productos al servicio de la salud pública ha ayudado, en efecto, a muchas personas a dejar los cigarros combustibles.

"No creo que sea irracional ver a los cigarrillos electrónicos como una aproximación de reducción de daño", señala la experta. "Es un asunto de si los tomas como un producto para reducir riesgos o una amenaza; pero la amenaza mayor son los cigarros combustibles".

A pesar de esto, la especialista aboga por la terapia de reemplazo de nicotina -gomas de mascar y parches-, vigente durante los últimos 40 años, como la opción más segura para ayudar a la gente a dejar de fumar.

"Hay un riesgo continuo con la nicotina. El nivel más bajo de riesgo es la goma de mascar o el parche, y el nivel más alto es fumar cigarros o pipas. Y todo lo que está en medio tiene menor grado de riesgo, con la atracción de los cigarrillos electrónicos a los que la gente está agregando aditivos, y hay algunos muy peligrosos", recalca.

La meta final, sostiene, es deshacerse de la nicotina, una droga altamente adictiva y muy difícil de dejar. Y si la inhalación no combustible puede abonar a ello, es válido.

"A mí me parece una buena opción para dejar de fumar si sabes cómo hacerlo y de verdad quieres", confía Marco Valdés, de 37 años, quien empezó inhalar como una alternativa "divertida" y más sana. "A veces lo hago un mes y lo dejo medio año. Una ocasión sí vapeé demasiado, y seguido me dolió un poco el pecho; lo dejé unos días y se fue el dolor".

"Sí lo recomiendo, siempre y cuando tengas la información específica y concreta de cómo hacerlo. Y eso las tiendas no lo hacen bien. Les empieza a ganar el querer vender sin informar bien", advierte, por su parte, Armando Ramírez, quien vapea casi todos los días e incluso ha impartido pláticas y escrito artículos sobre el tema.

A decir suyo, los líquidos importados son los mejores, en especial los procedentes de Europa, precisamente por la rígida normativa que regula la fabricación y venta de estos productos.

Inglesas y españolas le parecen las marcas más seguras, contra apenas un par de fabricantes nacionales.

"Sólo esas son confiables, las demás no; mucho menos los del tianguis que los ponen como si fueran goteros para ojos. Ese tipo de líquidos son súper peligrosos, con esos sí hay que tener mucho cuidado, porque no sabes la calidad de los compuestos que llevan", previene el productor musical.

¿Crees que vapear se puede convertir en otra adicción?

Sí, también se puede hacer una adicción. Yo creo que, en promedio, para dejar de fumar vapeando te bastaría un mes en lo que ya bloqueas el cigarro completamente. Pero sigues vapeando.

Efectivamente, se te puede volver una adicción todo esto, porque no lo vas a dejar tampoco. Es ahí el fino balance de que estás dejando el cigarro, pero te estás metiendo a otra adicción, honestamente, que según los estudios que hay hasta el momento no es tan peligroso o tan perjudicial a la salud como la propia fórmula del cigarro.

Se trata, pues, de una nueva dependencia fomentada no sólo por lo que provee el acto mismo de inhalar el líquido, sino por aspectos como la gran variedad de dispositivos y sabores existentes -que van de frutales y mentolados hasta bebidas energéticas, alcohólicas y postres-, así como la propia comunidad y ambiente social que los usuarios generan.

"Ya ahí te quedas", admite Ramírez. "Difícilmente lo van a dejar".