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Sacerdote filipino usa traje protector para llevar la misa a sus feligreses

En medio del cierre por la pandemia, el cura trasladó su misa diaria en línea pero se dio cuenta que sus seguidores más pobres no tenían acceso esa tecnología

The New York Times

martes, 23 junio 2020 | 10:32

Cuando Manila fue puesta bajo encierro en marzo, el padre Eduardo Vásquez trasladó su misa diaria en línea. Eso lo mantuvo a salvo del coronavirus, pero dejó a algunos de sus feligreses más pobres, los que no tenían teléfonos celulares, fuera de su alcance.

Entonces se fue a buscarlos. En los barrios y tugurios de la ciudad, ya recuperada de la sangrienta campaña antidrogas del presidente Rodrigo Duterte, celebró misa, sirvió en la Eucaristía y distribuyó comida y cubrebocas.

"Periodistas, médicos, recolectores de basura y funerarias estaban haciendo sus deberes" durante el encierro, dijo en la ciudad de Caloocan, el distrito de Manila donde trabaja. "Es un gran golpe para la Iglesia Católica si no damos misa".

Filipinas tiene casi mil 200 muertes por Covid-19 y más de 30 mil casos confirmados de coronavirus, una de las cifras más altas del sudeste asiático.

Muchos días, el padre Vásquez, de 47 años, atiende el jardín de su iglesia, bautiza a los niños y atiende a los muertos en las funerarias y crematorios.

Pero cuando se viste para el trabajo en estos días, su vestimenta es tan protectora como santa. Su sotana ha sido reemplazada por un traje protector y su collar queda escondido detrás de una máscara de respiración N-95.

Todo lo que lo identifica como sacerdote es su estola, una bufanda de dos metros de largo, la longitud perfecta para medir una distancia social aceptable.

Después de cada viaje, desinfecta su equipo de protección personal para que pueda reutilizarse.

"Usar equipo especial transmite que hay peligro, que debes tener cuidado”, dijo. "Al mismo tiempo, también envía el mensaje de que "incluso si es peligroso, estoy aquí por ti, pero nunca comprometeré tu seguridad".

El reverendo Eduardo Vásquez visita los barrios marginales de Manila para hacer misas y confesar a los pobres, también para distribuir alimentos y cubrebocas. "No es suficiente confiar solo en la fe", dijo.