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¿Teorías de conspiración? Son por ansiedad

La propagación de teorías conspirativas sobre el Covid-19 se deben a la ansiedad de enfrentarse a algo desconocido, señalan psicólogos

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Reforma

lunes, 20 abril 2020 | 10:49

Ciudad de México.- El coronavirus ha dado lugar a una avalancha de teorías de conspiración, desinformación y propaganda, que erosionan la confianza pública y socavan a los funcionarios de salud de maneras que podrían afectar a la respuesta a la pandemia.

Las afirmaciones de que el virus es un arma biológica extranjera, una invención política o parte de un complot para rediseñar la demografía han reemplazado un virus misterioso con villanos más familiares. Cada teoría parece dar a una tragedia sin sentido algún grado de significado, por oscuro que sea.

Los rumores de curas secretas (cloro diluido, apagar sus dispositivos electrónicos, plátanos) prometen la esperanza de protegerse de una amenaza de la que ni siquiera los líderes mundiales pueden escapar.

Según los psicólogos, la creencia de que uno tiene acceso a conocimiento prohibido ofrece sentimientos de certeza y control en medio de una crisis que ha puesto al mundo de cabeza.

Y compartir ese "conocimiento" puede dar a las personas algo difícil de conseguir después de semanas de encierros y muerte: un sentido de agencia y de tener cierto poder sobre el futuro.

Los sentimientos de seguridad y control que ofrecen estos rumores pueden ser ilusorios, pero el daño a la confianza pública es real.

Ha llevado a las personas a consumir remedios caseros fatales y a ignorar la orientación de distanciamiento social. Y está interrumpiendo acciones colectivas como quedarse en casa o usar mascarillas, necesarias para contener un virus que ya ha matado a más de 79 mil personas.

Pero también se están promoviendo muchas afirmaciones falsas por parte de Gobiernos que buscan ocultar sus fracasos, actores partidistas que buscan beneficios políticos, estafadores comunes y, en los Estados Unidos, un Presidente que ha promovido curas no comprobadas y falsedades que desvían la culpa.

Este creciente ecosistema de desinformación y desconfianza pública ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a advertir sobre una "infodemia".