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Video: Ni la cuarentena impidió su boda

Una pareja se dio el 'sí' en el balcón de un edificio en España

Tomada de video

Agencias

sábado, 21 marzo 2020 | 08:18

Ciudad de México.- En la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la cuarentena. Mientras el mundo se derrumba alrededor. Alba Díaz y Daniel Camino llevaban casi un año organizando su boda. Se iba a celebrar el sábado 14 de marzo y sería "espectacular", "bestial", "única". Pero el viernes 13 Galicia declaró la Emergencia Sanitaria y España enseguida quedó paralizada por el Estado de Alarma. Así que tuvieron que suspenderlo todo: cerraron el "lugar secreto" en el que llevaban 15 días preparando la fiesta, dijeron adiós a los 190 invitados vestidos de gala y acabaron confinándose en su casa. Pero casar, se casaron. Y su boda fue "espectacular", "bestial", "única". Contrajeron matrimonio por la ventana de su piso de A Coruña, asomados a la calle, mientras un vecino, desde otra casa, oficiaba la ceremonia. En un momento en que los esponsales están suspendidos en los juzgados, las iglesias o los Ayuntamientos, el acto no tiene "validez legal", pero es totalmente firme en el plano sentimental.

Alba Díaz dirige la empresa Frida Kiwi, especializada en organización de bodas y con clientes en toda España. Este año, en concreto, "de mayo a septiembre tenía concertadas muchísimas bodas" porque "mucha gente había esperado a 2020" por eso del número redondo, lo mismo que otras tantas parejas, en Galicia, estaban encargando bodas ya para 2021, año santo jacobeo. Pero ahora todo eso se ha quedado en suspenso, como un montón de actividades de la vida, con la incógnita de cuándo acabará la pesadilla. Y entre los fastos que Alba ha tenido que posponer está el suyo propio, fijado para el día en que la pareja cumplía 11 años de relación y diseñado hasta en el último detalle como una metáfora de la personalidad de los novios. Habían tardado mucho tiempo en encontrar el lugar idóneo, y lo habían localizado al fin en un misterioso recinto de Monforte de Lemos (Lugo). Misterioso, sí, porque aún a día de hoy, con la esperanza de volver a retomar la fiesta en unos meses, la recién casada se resiste a revelar la ubicación exacta y los detalles.

Ningún invitado sabía dónde se iba a celebrar el convite. Los asistentes solo estaban avisados de que era en Monforte. Como mucho se habían enterado de que la ceremonia se oficiaría en la plaza de abastos. Lo demás era y sigue siendo secreto. Lo que Alba Díaz sí cuenta es que llevaban "15 días montándolo todo" y que tras la boda les llevaría "una semana el desmontaje". Habían tenido que transformar las paredes y el suelo, llevar cocinas, sillas, mesas, cristalerías, vajillas, cubiertos y mantelerías alquiladas. Encargar flores y confeccionar todo tipo de elementos decorativos; construir un photocall. Hacía días que a la vista de las noticias que llegaban de Italia habían cancelado ya su luna de miel en Milán y la Toscana y habían cambiado ese viaje por un puñado de días de descanso en el sur de Portugal.